Un día cálido de julio de 1954 arribó un hombre al aeropuerto de Tokio, en Japón. Su apariencia era caucásica y su presentación ordinaria, pero aun así algo hizo sospechar a los oficiales que se encontraban de guardia. Uno de ellos le solicitó su pasaporte, el cual se veía completamente original, con los sellos de rigor… incluso presentaba visitas anteriores a Japón y a otros países del primer mundo (principalmente europeos). Solo había un pequeño problema: el país en el que había sido emitido el pasaporte, llamado Taured, no existía.

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