Existen pautas de vida que parecen ser más sencillas de entender y poner en práctica cuando somos niños, pero algo ocurre al crecer y, de pronto, perdemos la brújula que antes marcaba en dirección hacia los detalles esenciales y las dichas del corazón para guiarnos, en cambio, a territorios hostiles donde gobierna más el miedo a seguir nuestros sueños y la obligación de cumplir con las expectativas de los demás.

He aquí algunos principios fundamentales que ninguno de nosotros debería permitirse olvidar jamás, pues de ello depende una vida bien vivida, con propósito, con pasión. Una vida feliz.

1. Somos los únicos autores del libro de nuestra vida

La familia es un núcleo de referencia donde aprendemos valores, conductas y formas de pensar, pero somos seres infinitamente libres y tenemos derecho a salir al mundo en búsqueda de nuestras propias verdades, de aquello que sintamos en armonía con nuestro espíritu.

Las expectativas y demandas de los demás son, muchas veces, un último reclamo encubierto a sí mismos por no haber tenido el valor de seguir sus sueños, por no haber vivido lo suficiente. No es tu responsabilidad enmendar los errores de los demás ni sacrificar tus anhelos más preciados por adoptar los de tus padres: tú eres el único capitán del barco de tu vida, no lo abandones.

Cuando llegue el día de tu muerte, nadie morirá en tu lugar. ¿Por qué habrías de vivir la vida de otra persona?

2. El peor fracaso es no intentarlo

Cuando se habla de éxitos y fracasos, solemos caer en el equívoco de medir la valía de nuestras acciones a razón de si pudimos superar las empresas de alguien más, llegar a la meta en el menor tiempo posible o lograr la totalidad de lo que esperábamos en el momento y lugar deseados.

Nada de esto define realmente el fracaso de un acto, porque todo acto representa en sí mismo el triunfo de la voluntad y la valentía ante el miedo y la pereza. Son las acciones lo que cambian el mundo, es atreverse a marchar con la frente en alto tras un ideal lo que inspira a miles de personas a hacer lo mismo.

Que no te engañe la falsa creencia de que vivir al máximo es para soñadores, porque son quienes jamás intentan nada quienes viven dormidos, y en esa casi-muerte la vida se les va.

3. Nunca la riqueza material podrá sustituir la riqueza espiritual

Si te preocupa más el sueldo que puedas recibir en un empleo cualquiera que elegir una vocación que te apasione, sin duda la vida te resultará trabajosa, o como decía Aristóteles: se convertirá en una larga enfermedad.

No aspires a la riqueza material, con el tiempo la avaricia te hará envejecer antes de tiempo y vivirás más preocupado por guardar centavos que buenos momentos. En su lugar, aspira a la riqueza del espíritu, a un camino lleno de experiencias que ni todo el dinero del mundo pueda comprar, amigos para toda la vida, gestos de bondad inolvidables y enseñanzas para dejar a quienes sigan tu camino.

Que la ceguera no te haga darte cuenta demasiado tarde de que, al final de la travesía, lo que muchos llaman fortuna termina siendo la más vil pobreza.

4. La vida es demasiado corta para procrastinar

No cometas el error de prometerte a ti mismo un nuevo día para trabajar por tus metas, no hay forma de echar un vistazo a la cerradura del futuro y, lo que hoy parece indudable, mañana podría desdibujarse en la incertidumbre.

Entiende que tu única posesión auténtica es el momento presente y la voluntad con que decidas construir hoy mismo la escalera hacia una vida plena. Confiar en la existencia de un día más apto para plantar las semillas de tu triunfo personal es pecar de holgazanería, y en el jardín de la pereza no hay más que frutos podridos.

5. Solo merecen estar en tu vida quienes demuestran el deseo de querer un lugar

Sabrás que puedes contar con alguien cuando sus palabras coincidan con sus actos y demuestre que valora tener un sitio en tu vida. Recuerda que no puedes obligar a nadie a permanecer a tu lado si su impulso interno le dice que es momento de partir: suelta siempre a quien no tiene deseos de quedarse.

6. El amor jamás puede ser una excusa para el sufrimiento

Si algo te genera angustia, dolor, te priva de la alegría vital que mereces o te impide avanzar, sencillamente no te conviene, aunque lo llames “amor”.

Será necesario que recuerdes a lo largo de la vida que existen vínculos donde el afecto se confunde, se echa a perder por falta de riego o recibe un nombre que no le pertenece. El amor es un lenguaje que nunca dejamos de aprender, pero sabrás distinguirlo siempre porque carece de egoísmo. El amor, cuando es amor, hace nacer el bien y no el sufrimiento.

7. Tarde o temprano, la vida te devuelve lo que le entregaste

Las acciones que llevas a cabo no son unidades aisladas de las que puedas desentenderte más adelante: cada una conlleva un efecto firmado con tu nombre que bien puede sorprenderte pasando factura más adelante, ya sea positiva o negativamente.

Lo que das, te lo das. Lo que no das, te lo quitas”, así que cumple el consejo más antiguo de todos los tiempos y entrega al mundo únicamente lo que deseas recibir de él.

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