Es difícil encontrar a alguien a quien no le gusten las papas fritas. Son crujientes y tienen un sabor irresistible. Cuando están recién hechas, claro está, porque cuando se quedan frías se convierten en algo pastoso que parece goma, y cuyo sabor que provoca cierta repulsión. Pero, ¿cuál es la causa de esta mutación de sabroso manjar a producto intragable?

Según explica Matt Hartings, catedrático de Química de la Universidad de Washington DC, todo es producto de la propia composición de la papa, en la que figuran el almidón y el agua. Cuando se calienta al freírla en el aceite, las moléculas de almidón absorben el agua, hinchándose, lo que se traduce en una textura muy particular, a medio camino entre lo mullido y lo crujiente. Y, según el experto, es precisamente esa textura lo que hace que resulte tan agradable a nuestro paladar.

En cambio, al enfriarse, las moléculas de almidón pierden el agua que habían absorbido anteriormente, lo que hace que se queden flacidas, con esa textura que recuerda a la goma.


Con Información De Life Science.

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